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Mientras Bitcoin subía, compré Ethereum y Cardano.

Me dije que estaba diversificando.

Antes había comprado Bitcoin a unos 10.000 dólares, sin tener escrito por qué entraba ni a qué precio saldría.

Pasó de los 50.000: más de un x5 sobre mi precio de compra. No vendí nada. Después bajó hasta unos 15.000. Tampoco vendí.

Respecto a mi entrada, seguía ganando dinero. Pero había devuelto casi toda la ganancia que había llegado a tener.

Y esa no es la parte que más me cuesta contar.

La escalera

Mientras subía, repetí la jugada.

Bitcoin, el riesgo menor. Ethereum, el intermedio. Cardano, el mayor. Así los veía yo: una escalera de riesgo.

Sonaba bien.

Pero no estaba diversificando de verdad. Las tres posiciones compartían una exposición importante al mercado cripto. Si Bitcoin caía, las otras podían caer también.

Tres posiciones. Una sola apuesta.

Mi acierto con Bitcoin no me enseñó a invertir. Me enseñó a repetir algo que no entendía tres veces.

Ganar con una operación no demuestra que supieras lo que estabas haciendo. Y cuando confundes un resultado positivo con una buena decisión, puedes acabar repitiendo el mismo error con más dinero y en más posiciones.

Hoy, antes de entrar en cualquier operación, la razón de entrada y la de salida están por escrito. Si no puedo escribirlas, no entro.

No fue una técnica nueva. Fue dejar de confundir que algo saliera bien con que yo lo hubiera hecho bien.

La operación que te salió bien y que todavía cuentas: ¿podrías repetirla a propósito?

Si no, quizá tienes un recuerdo, pero todavía no una estrategia.

En el episodio de hoy cuento la historia entera, lo que me costó ver aquella escalera y las tres ideas con las que me quedé.

Marc

PD: La Edición Fundadores de Método Aurea sigue abierta hasta el 2 de diciembre. Es un programa para que escribas tu plan, tu entrada y tu salida antes de tomar decisiones. Tienes todos los detalles en el email del lunes. Te cuento mi experiencia, no una recomendación de inversión; esto no es asesoramiento financiero.