Ayer te conté que me quedé sin liquidez cuando más falta me hacía.
No fue mala suerte. Lo tenía todo invertido a propósito.
El dinero parado me quemaba. Me hacía sentir mal, como si lo estuviera desaprovechando.
Tener dinero sin invertir parece cosa de vagos. O de miedosos. Así que lo metía todo.
Y cuando llegó la caída, no tenía con qué comprar. Solo podía mirar.
Abril de 2025. Con la guerra de aranceles, la bolsa sufrió una corrección muy fuerte.
Las grandes tecnológicas estadounidenses, las que el mercado llama "las siete magníficas", caían sin que hubiera cambiado nada en sus negocios. Caían por la guerra arancelaria.
Esta vez yo tenía liquidez guardada.
Y compré. Prácticamente con descuento.
La misma situación que con Microsoft, vivida al revés: una caída, y esta vez podía actuar.
El mérito no fue adivinar la caída. Fue tener el dinero preparado antes de que llegara.
Lo que separa una escena de la otra es una regla: hoy mantengo siempre un mínimo del 10 % en liquidez. Solo bajo de ahí en correcciones severas. Que es justo para lo que está.
Ese es mi número.
El dinero disponible no está parado. Está de guardia.
Estar en liquidez también es una decisión de inversión. Tiene un coste cuando el mercado sube. Y es lo que te deja actuar cuando cae.
A mucha gente el dinero sin invertir le quema igual. Lo mete todo para sentir que lo aprovecha. Y cuando llega la caída que llevaba tiempo esperando, no tiene con qué comprarla.
Quiere comprar barato sin haber guardado nada para ese día.
En Método Aurea calculas cuánta liquidez necesita tu plan y escribes, en frío, qué tiene que pasar para usarla. Para que el día de la caída no decidas con el estómago.
El lunes 2 de noviembre abro las 10 plazas de la Edición Fundadores y la lista de espera se entera antes que nadie.
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Marc
PD: Mi 10 % es mi número, calibrado a mi perfil y a que esto es mi trabajo. El tuyo puede ser más alto o más bajo. Y lo que compré en abril de 2025 fue mi decisión, no una recomendación. Esto no es consejo financiero.