Ayer te conté cuatro piezas. Había una quinta, y pesaba demasiado.
Me lo enseñó una semana de stops.
El plan con el que empecé no estaba escrito. Estaba en mi cabeza. Y en mi cabeza pesaba mucho un patrón muy extendido sobre cómo se reparte el día en el mercado de divisas, que se mueve en tres sesiones: los tramos horarios en los que operan Asia, Europa y América.
El patrón que seguía era este:
Tokio marca el rango: el techo y el suelo del precio durante la sesión asiática.
Londres rompe ese rango y puede volver a entrar.
Nueva York puede limpiar esa rotura y moverse en dirección contraria.
Es un patrón que circula por todas partes. Yo también lo tenía en la cabeza. Y al principio, mi operativa giraba alrededor de él.
La primera semana fue prueba y error.
Operaciones que se iban al stop, la orden que cierra una operación con una pérdida limitada. No todas. Y no siempre por lo mismo.
Eso me hizo revisar el plan.
Si el patrón hubiera fallado siempre de la misma forma, habría tenido una pista más concreta sobre qué regla revisar. Pero los fallos eran distintos. No demostraban por sí solos dónde estaba el problema, aunque sí me obligaban a cuestionar el peso que le estaba dando a una pieza que no entendía del todo.
Tenía dos salidas fáciles: tirar el plan entero y buscar otro, o insistir hasta que funcionara.
No hice ninguna de las dos. Lo corregí.
El patrón de las tres sesiones pasó a segundo plano: algo que miro, no algo sobre lo que decido. Y al centro subió la herramienta que ya dominaba: las ondas de Elliott, una forma de interpretar los ciclos de impulso y corrección del precio.
Fíjate en cuál era la pieza que pesaba demasiado: la única que no salía de lo que yo ya entendía, sino de lo que repite todo el mundo.
Y el paso clave vino después. Cada vez que algo demostraba funcionar, lo incorporaba al plan por escrito. El plan real no fue el que traía en la cabeza. Fue el que fui construyendo con lo que resistía la prueba.
Un matiz: el patrón de las sesiones no es falso ni malo. Para mí, como pieza central, no aguantó. El problema no era la regla. Era apoyar el plan en ella antes de comprobarla.
Un plan no nace completo: se escribe con lo que demuestra funcionar.
El primer plan es una hipótesis. Lo pones a prueba, observas qué ocurre y revisas qué partes se sostienen. El plan de verdad es el que corriges con lo que vas aprendiendo.
Y a veces lo que hay que bajar de peso es justo lo que todo el mundo repite.
Mucha gente espera a tener el plan perfecto para empezar. Otra tira el plan entero después de una mala semana y se va a buscar otro. Las dos cosas pueden evitar lo mismo: revisar el propio plan a partir de lo que ocurre.
En Método Aurea escribes tu plan, lo pones a prueba y lo corriges con lo que observas, con mi corrección por escrito en cada entregable.
El lunes 2 de noviembre, dentro de ocho días, abro las 10 plazas de la Edición Fundadores. La lista de espera recibirá el aviso antes que nadie.
¿Quieres que te avise?
¿Te apunto a la lista de espera de la Edición Fundadores?
Iniciar Sesión o Suscribirme para participar
Marc
PD: Sigo operando divisas y el plan sigue cambiando cuando encuentro motivos para revisarlo. No te animo a operar divisas; te cuento cómo corrijo mi plan. Esto no es asesoramiento financiero ni una recomendación de compra o venta.