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Varias veces este año he pensado lo mismo: «Es Ferrari. Y está cayendo».

Y no he comprado más.

El plan

En octubre de 2025 tenía escrito mi plan para Ferrari: tres entradas, cada una a su precio. Se ejecutaron dos. La tercera, nunca. El precio no llegó.

La caída

Desde su máximo de febrero de 2025, la acción llegó a caer un 44 %, hasta el mínimo de marzo de 2026.

Uno de los golpes llegó en octubre de 2025. Ferrari presentó su plan a 2030, con objetivos por debajo de lo que esperaba el mercado y menos peso del eléctrico. La acción cayó un 15 % en una sesión, su mayor caída desde que cotiza.

En mayo de 2026 presentó su primer eléctrico. Hubo críticas por el diseño y el precio, y la acción llegó a caer otro 8 %.

Mi lectura: el mercado estaba reaccionando a las expectativas. Sigue siendo Ferrari aunque haga un eléctrico que no guste.

La tentación

Viendo caer la acción, volvía a pensar: «Es Ferrari. Y está cayendo».

Y no compré. Si no llega a los precios de mi tesis, no entro, por muy atractivo que parezca el precio.

Por qué el negocio me deja tranquilo

Ferrari tiene un margen operativo del 29,5 %: de cada 100 euros que vende, le quedan casi 30 después de los costes del negocio. Lamborghini ronda el 24 %. El resto del automóvil se mueve en márgenes de un solo dígito.

Su retorno sobre el capital invertido, lo que gana por cada euro que pone a trabajar, ronda el 31 %.

Su estrategia es limitar las entregas frente a la demanda. Desde 2022, lo que ingresa por cada coche entregado ha aumentado cerca de un 10,4 % anual, con un volumen de entregas similar. Además, tiene 775 millones de euros en anticipos de clientes: dinero cobrado por coches que todavía no ha entregado.

Un matiz importante: en 2020 su beneficio operativo cayó un 22 %. Por eso, llamarla «refugio» exige matices.

Hoy

El 18 de octubre aprobé mi tesis: mantener, no ampliar.

A un precio de unos 356 euros, mi rentabilidad esperada ronda el 6 % anual. Mi mínimo es el 10 %.

Según mi modelo, el precio exige que la caja que genera Ferrari crezca cerca de un 13 % anual durante diez años. Mi lectura del plan de la propia empresa apunta a un crecimiento cercano al 1,6 % anual hasta 2030.

Mantener no es comprar.

A una empresa así la gestiono por bandas: aumento cuando el mercado la castiga sin que el negocio empeore, vendo una parte cuando la valoración se vuelve demasiado exigente y conservo un núcleo.

La tesis se invalida por lo que ocurre en el negocio (márgenes, pedidos y anticipos), no por un movimiento aislado del precio.

El mejor negocio no te protege de pagar demasiado. El precio es lo único que decides tú.

Ferrari puede ser un negocio extraordinario y su acción sufrir caídas importantes. Llegó a caer un 31 % en 2020, un 34 % en 2022 y un 44 % entre 2025 y 2026.

Cuanto mejor es la empresa, más fuerte puede ser la tentación de saltarse el precio. «Es Ferrari» suena a argumento, pero no te dice cuánto deberías pagar.

El 3 de noviembre Ferrari publica resultados. Voy a mirar cuatro cosas: el margen (si sigue por encima del 28 %), los anticipos de clientes, las existencias y la guía, es decir, las previsiones que da la propia empresa.

El 12 de noviembre te cuento qué dijeron y qué hice.

En Método Aurea escribes tu tesis y tus precios antes de comprar. El lunes 2 de noviembre abro las 10 plazas de la Edición Fundadores.

Antes, una pregunta:

¿Qué empresa te parece tan buena que la comprarías a cualquier precio? Respóndeme con el nombre.

Marc

PD: Tengo Ferrari en cartera. No te digo que compres ni que vendas. Te cuento cómo separo la calidad del negocio del precio que estoy dispuesto a pagar. Esto no es asesoramiento financiero ni una recomendación de compra o venta.