Guerra en Ormuz, petróleo en máximos, bolsa a la baja. El guion de siempre dice: oro.
El oro cayó un 4 %.
Si acabas de llegar: cada domingo actualizo mi Narrative Dashboard, el sistema con el que puntúo las historias que mueven el mercado. Tiene reglas escritas para decidir cuándo cambia el régimen, el entorno que condiciona cómo interpreto los datos.
El régimen sigue siendo el mismo: tipos altos durante más tiempo.
La semana
Ormuz sigue sin acuerdo. El WTI, la referencia del crudo estadounidense, ronda los 105 dólares y encadena su segundo cierre semanal por encima de 100. Mi regla de shock energético exige tres cierres. Hace una semana llevaba uno. Ahora van dos. Si llega el tercero, mi sistema cambia de escenario.
La bolsa, floja: el S&P 500 cedió un 0,3 % y los fabricantes de chips llevan ocho sesiones seguidas a la baja.
Guerra, petróleo caro, miedo. Y el oro cayó un 4 % en la semana, hasta unos 4.000 dólares.
Mi lectura
La Fed mantiene los tipos en el 3,75-4,00 %. El mercado no espera una subida esta semana, aunque contempla esa posibilidad para diciembre. Son expectativas, no decisiones tomadas.
Mientras tanto, la rentabilidad del bono estadounidense a diez años bajó: tocó el 5,15 % y cerró cerca del 5 %.
Cuando aumenta la demanda de bonos, sus precios tienden a subir y su rentabilidad a bajar. Ese movimiento es compatible con compras de bonos, aunque no demuestra por sí solo de dónde salió el dinero.
Mi lectura es que esta semana el refugio fue el bono, que ofrecía cerca de un 5 %. El oro no paga intereses.
Es la misma cuestión que te planteé el 5 de octubre, vista desde otro ángulo: cuando un bono del Estado ofrece más de un 5 %, aumenta el coste de oportunidad de mantener oro, que no genera intereses.
En esta revisión, mi sistema deja el oro en «vigilancia». No es una predicción. Es una casilla que refleja cómo interpreto los datos.
Y es mi lectura. Puedo estar equivocado. También es posible que algunos inversores hayan vendido oro para conseguir liquidez.
Lo que hice
El miércoles aprobé por escrito mi plan para el final de la fase expansiva, la etapa en la que la economía crece antes de frenarse.
El jueves, el oro empezó a caer con fuerza. El viernes terminé y aprobé las tesis de cinco mineras de oro. En todas escribí lo mismo: hoy no se compra.
El plan tiene cuatro decisiones:
Recoger beneficios donde ya no da tiempo a construir.
Mantener un núcleo que no se toca y un tramo que se mueve: se carga en las caídas y se vende en los máximos.
Comprar solo con el precio y la tesis escritos. Si el precio no llega, no lo persigo. Si llega y la tesis no está aprobada, tampoco compro.
Cerrar lo que no ha funcionado para tener liquidez.
Si mi lectura de esta semana está equivocada, las cuatro decisiones siguen vigentes. La tercera es la que ha intervenido esta semana: tengo un precio escrito y no es este.
Esta semana vigilo dos cosas: la decisión de la Fed, prevista para el miércoles, y un tercer cierre semanal del petróleo por encima de 100 dólares.
Mi explicación puede fallar. Mi plan no depende de que acierte.
Cada semana el mercado ofrece una explicación, y es fácil quedarse con la que más nos convence. Pero si tus decisiones dependen de acertar el porqué, cada error de lectura puede convertirse en un error de dinero.
Lo que guía la decisión no es solo la explicación. Es lo que dejaste escrito antes de que el precio se moviera.
En Método Aurea escribes justo eso: tu plan, antes de que el precio se mueva.
El lunes 2 de noviembre abro las 10 plazas de la Edición Fundadores.
Antes, una pregunta:
¿Tienes escrito qué harás si lo que tienes cae otro 10 %? Respóndeme solo sí o no. Leo todas.
Marc
PD: No te digo que compres o vendas oro, ni qué hará la Fed. Te cuento mi lectura y qué dejé escrito. Esto no es asesoramiento financiero ni una recomendación de compra o venta.