Hace año y medio empecé a operar divisas.
No busqué el sistema de nadie. Empecé por lo que ya sabía.
Hoy es mi única operativa intradía: operaciones que abro y cierro en la misma sesión. El resto de mis inversiones son a plazos largos. Soy un inversor que entiende el trading.
Tomé cuatro decisiones. Y sé de dónde salió cada una.
Primero, la macro. Un par de divisas compara dos monedas y, detrás de ellas, dos economías. Si la economía de Estados Unidos se fortalece frente a la europea, eso puede favorecer al dólar y presionar al euro frente a él.
Esa lectura me da un sesgo: una dirección de partida para la sesión, no una certeza sobre lo que hará el precio.
En el intradía, los datos económicos que ya conoce el mercado pueden estar reflejados, al menos en parte, en el precio. Por eso también miro qué datos se publican ese día y qué espera el mercado de ellos.
Por ejemplo, un PMI (una encuesta a empresas que ayuda a medir si la actividad económica se expande o se contrae) puede influir en mi lectura de la sesión. Pero el resultado, las expectativas y la reacción del mercado importan. Un dato positivo en Estados Unidos no significa automáticamente que el euro-dólar vaya a bajar.
Es una ilustración de cómo formo el sesgo. No una receta.
El martes te conté el orden en el que analizo una inversión: primero el mundo, después el activo y, al final, el momento. Ni siquiera en divisas empiezo por el gráfico.
Segundo, qué par. Euro-dólar. Sigo la economía americana, que analizo cada semana, y el euro pertenece a mi entorno económico más cercano.
Sus movimientos suelen ser pequeños en comparación con los de otros activos. Eso encajaba con mi decisión de operar dentro de la sesión.
Tercero, qué descarté. El yen. No sigo la economía japonesa con el mismo nivel de detalle. Si no entiendo suficientemente una de las dos economías del par, prefiero no operarlo.
Cuarto, cómo leer el momento. Con una herramienta que ya dominaba: las ondas de Elliott, una forma de interpretar posibles ciclos de impulso y corrección en el precio.
Una herramienta que ya conocía, no un sistema copiado.
No digo que sea la mejor forma de operar divisas. Es la mía. Y sé de dónde sale cada pieza.
Un método no se copia: se construye con lo que entiendes.
Un método copiado se apoya en las decisiones y las razones de otra persona. Cuando falla, puedes acabar aplicando reglas sin saber qué revisar ni por qué.
Un método construido con lo que entiendes te permite examinar cada pieza cuando algo deja de funcionar.
Hace unas semanas te dije que tu umbral no se copia, se calcula. Con el método pasa igual.
Al entrar en algo nuevo, la tentación es buscar a quien ya sabe y hacer lo que hace. Copias sus reglas, pero no necesariamente sus razones. Y las razones son lo que necesitas cuando una regla deja de encajar con lo que está pasando.
Con estas cuatro piezas empecé. Pero había una más, una que no salía de lo que yo sabía. La primera semana, el mercado me enseñó que pesaba demasiado.
Mañana te cuento cuál.
En Método Aurea no copias mi método: construyes el tuyo con lo que tú entiendes, y yo lo corrijo por escrito. El lunes 2 de noviembre abro las 10 plazas de la Edición Fundadores. La lista de espera se entera antes que nadie.
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Marc
PD: No te estoy animando a operar divisas. Es la parte más corta de lo que hago y no es para todo el mundo. Te cuento cómo construí mi método. Esto no es consejo financiero.