This website uses cookies

Read our Privacy policy and Terms of use for more information.

A finales de mayo analicé una empresa y le puse un 4,28 sobre 5. De las mejores notas que he puesto.

No compré.

Era una empresa de defensa estadounidense, grande y cotizada. La analicé a fondo y la puntué con mi sistema. Convicción alta.

El problema no era la empresa. Era el precio.

Cotizaba a un 6 % de sus máximos históricos. En mi propia tesis lo dejé escrito: "precio de calidad, no precio de descuento". Sin margen de seguridad (sin colchón por si algo sale peor de lo previsto).

Sobre el papel llegaba a mi mínimo del 10 % anual. Pero solo si todo salía según lo previsto y el mercado seguía pagando lo mismo por cada dólar de beneficio. Si eso fallaba un poco, ya no llegaba.

Así que la dejé en vigilancia y puse una alarma en mi zona de entrada: alrededor de un 10 % por debajo del precio de aquel día.

La alarma no es una orden de compra. Cuando salte, vuelvo a abrir la tesis y compruebo si sigue en pie o si se ha roto. Solo entonces decido.

Y entonces se fue sin mí.

En las semanas siguientes la acción subió cerca de un 15 %. Nuevos máximos históricos a principios de agosto.

Con la tesis hecha. Con la nota puesta.

Y yo fuera.

La empresa era buena. Mi nota era alta. El precio subía. Lo único que decía que no era la regla.

Me mantuve firme. Si se va sin mí, que se vaya.

Desde agosto ha devuelto toda la subida. Hoy cotiza alrededor de un 5 % por debajo del precio al que la analicé, y está parando en la misma zona desde la que arrancó la subida. Si pierde ese nivel, lo más probable es que salte la alarma.

No fue un acierto. No sabía que iba a volver. Si no hubiera vuelto, la decisión habría sido igual de buena.

Y todavía no he comprado nada.

La nota mide la empresa. El precio decide si entras.

Son dos preguntas distintas. Y la segunda es la que duele, porque te obliga a quedarte fuera de algo que te gusta.

Un límite solo sirve si duele respetarlo. Y duele justo cuando todo lo demás dice que sí.

Una decisión se juzga por cómo se tomó, no por cómo salió.

Mucha gente compra el día que termina de convencerse, al precio que haya ese día. Hace la parte bonita del trabajo, encontrar una buena empresa, y se salta la incómoda: decidir antes a cuánto, y esperar.

Sin un precio escrito en frío, cada subida parece la última oportunidad de subirse.

En Método Aurea montas tu propio sistema de notas y fijas, antes de mirar el precio, a cuánto entras y a cuánto no. Para que la decisión esté tomada el día que el mercado te meta prisa.

El lunes 2 de noviembre abro las 10 plazas de la Edición Fundadores y la lista de espera se entera antes que nadie.

Un clic aquí abajo:

¿Te apunto a la lista de espera de la Edición Fundadores?

Login or Subscribe to participate

Marc

PD: No te digo qué empresa es a propósito. Lo que importa no es la empresa, es que el precio estaba decidido antes. Y si salta la alarma, tampoco compraré sin más: volveré a abrir la tesis. Esto no es consejo financiero.