Cuando empezaba, cada vez que un mes salía mal hacía lo mismo.
Abría el navegador y buscaba un curso.
No abría mi diario de operaciones (el registro de cada decisión que tomas con tu dinero). No revisaba qué había decidido ni por qué. Buscaba a alguien que me dijera qué hacer.
Un día compré uno que prometía "el sistema".
Lo terminé. Durante unas dos semanas me sentí más listo.
Y luego, delante del gráfico, con dinero real, la misma parálisis de antes. Exactamente la misma.
Lo vi después. Ni el curso era malo ni yo era tonto. Había comprado información, y lo que me faltaba era criterio.
Lo que más me dolió no fue el dinero. Fue darme cuenta de que mi momento de mayor confianza era el de pagar. No el de operar.
Compraba alivio, no habilidad.
Estudiar se siente como avanzar. Comprar se siente como decidir.
Ninguna de las dos cosas lo es.
Una técnica se puede enseñar. Cuándo aplicarla tú, con tu dinero y tu cabeza, no se compra. El criterio no se transfiere: se construye.
Quien tiene una carpeta llena de cursos suele sacar la conclusión equivocada: "no era el curso correcto".
Y vuelve a empezar. Igual de preparado y con menos capital.
No va de dejar de formarse. Va de mirar qué intentas comprar cuando compras.
En el episodio de hoy cuento el ciclo entero, por qué engancha y la única pregunta que me hago ahora antes de comprar formación. Son unos 15 minutos.
Marc
PD: Esto no va contra quien enseña ni contra formarse. Yo sigo aprendiendo. Va de mi proceso, contado en primera persona. No es consejo financiero ni una recomendación sobre qué formación comprar.