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SpaceX es probablemente uno de los mejores negocios que he analizado nunca.

No tengo ni una acción.

Salió a bolsa (empezó a cotizar y cualquiera pudo comprar acciones) el 12 de junio a 135 dólares por acción, con una valoración de 1,75 billones de dólares: la mayor salida a bolsa de la historia. Todo el mundo hablaba de ella.

La analicé a fondo. Y el negocio principal es excepcional.

Starlink, su internet por satélite, representa el 61 % de los ingresos, con un margen operativo del 63 %. Es decir, por cada 100 dólares que ingresa, genera 63 de resultado operativo. Una rentabilidad operativa extraordinaria para un negocio que vende conexión a internet mediante satélites y antenas.

El Falcon 9 concentra el 95 % del mercado estadounidense de lanzamientos. A SpaceX lanzar le cuesta unos 62 millones de dólares; a su competidor más cercano, más de 200. La diferencia está, en parte, en reutilizar los cohetes: un mismo propulsor ha volado hasta 32 veces.

En mi tesis lo dejé escrito: «Probablemente uno de los mejores negocios de toda la cartera analizada».

Y aun así, no compré.

Porque dentro hay otra pieza: la inteligencia artificial. SpaceX absorbió la empresa de IA de Musk en febrero de 2026. En 2025, esa parte perdió 6.360 millones de dólares con 3.200 millones de ingresos. Perdió casi el doble de lo que ingresó.

Valoré cada negocio por separado. Eso se conoce como valoración por partes.

Starlink y los lanzamientos, por sí solos, valen entre 610.000 y 775.000 millones de dólares en mi escenario base. Para toda la empresa, mi rango razonable está entre 0,9 y 1,2 billones.

A 1,75 billones, el precio ya pagaba el negocio principal a una valoración plena. Y además atribuía cientos de miles de millones a una IA que todavía pierde dinero, como si su éxito estuviera asegurado.

Así que escribí mi zona de entrada: entre 77 y 93 dólares por acción. Y me quedé fuera. En mi última revisión de la tesis, a mediados de septiembre, cotizaba en torno a los 151 dólares.

Mismo activo, dos inversiones distintas.

En mi zona de entrada, el precio encajaba con mi valoración del negocio principal y dejaba margen para que la IA aportara valor si acababa funcionando.

A 150 dólares, en cambio, estaba pagando mucho más por adelantado. Si la IA cumple las expectativas, parte de ese optimismo ya está incluido en el precio. Si no las cumple, esa valoración puede convertirse en un problema.

Y no siempre acierto con el momento. Esperaba que el 6 de agosto, cuando los primeros accionistas pudieron empezar a vender, la acción se abaratara. Subió un 6 % ese día.

Los catalizadores no son garantías.

«Es una empresa excepcional» y «es una buena inversión hoy» son dos frases distintas.

La primera habla del negocio. La segunda, del precio que pagas por él.

Cuando no coinciden, no basta con admirar la empresa. Necesitas una regla para decidir cuánto estás dispuesto a pagar.

Casi todo el mundo compra lo que admira: la empresa de la que todos hablan, el producto que usa cada día. Pero admirar un negocio no te dice cuánto pagar por él.

En Método Aurea trabajas precisamente esa diferencia: qué vale un negocio y cuánto estás pagando por él. Antes de que la emoción de una gran empresa decida por ti.

El lunes 2 de noviembre abro las 10 plazas de la Edición Fundadores. La lista de espera recibirá el aviso antes de la apertura.

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Marc

PD: No tengo acciones de SpaceX. Puede seguir subiendo y yo seguir fuera, y no pasa nada. Te cuento el proceso, no el ticker. Esto no es asesoramiento financiero ni una recomendación de compra o venta.